Un Safari en la ciudad

La selva…

… Su nombre en masai es, “Ngáje Ngai”, “La casa de Dios”…
Cerca de la cima se encuentra el esqueleto seco y helado de un Leopardo, y nunca nadie ha podido explicar que estaba buscando el Leopardo por aquellas alturas…

E. Hemingway (Las nieves del Kilimanjaro)

Un Safari en la ciudad…

Con ánimo de “escalar una cumbre”, arribamos a la Plaza de Santo Domingo del centro Histórico de la Ciudad de México.

Los organizadores del Safari en Tepito dispusieron de motocicletas para llevarnos a nuestro destino. “El pez” comandaría al grupo de centauros.

Se formo una caravana que minutos después de las 5pm abandonaría el punto de encuentro.

Tal vez solo fue el ruido de las motocicletas, pero casi estoy seguro de haber escuchado el rugir de un Leopardo al acecho.

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En una breve y rápida travesía salimos pronto de territorio conocido, bordeamos ríos de tránsito vehicular, saltamos muros de gente y vimos pasar cientos de “puestos” de comercio ambulante como si se tratara de alguna escena de Salaam Bombay o Slumdog Millonaire.

Con el sentido de orientación herido, caminamos por los patios de la Unidad Habitacional “La Fortaleza” lugar a donde Norma Angélica, uno de nuestros dos faros en está aventura y primerísima actriz, nos condujo.

Era viernes por la tarde y los niños del vecindario jugaban. Uno de ellos gritó “vengan invito los chescos”, otro respondió ” y yo invito las niñas”. Mientras esto sucedía la voz dulce de una chica arrimada a la reja de una jardinera tarareaba una canción en inglés.

Primer acto: “Si la vida me da la espalda, pues le agarro las nalgas”

Lourdes Ruíz Baltazar, nos recibió en su casa. Mismo lugar en el que Norma Angélica vivió quince días previos, antes de la puesta en escena del Safari en Tepito.

La reina del albúr, como se conoce a Lourdes, “cabrona entre las más cabronas” habló de la vida compartiendo con sus diez invitados, pasajes su propia vida.

Norma Angélica condujo un diálogo con Lourdes desde “dentro de las tripas del ser”

– La primera vez que hable con Dios, fue para mentarle la madre, dijo Lourdes cuando recordó la muerte de sus dos hermanos.

– A güevo putito, desde los 6 años soy actriz y tengo para darme mis gustos, dijo Norma Angélica, cuando relato el rompimiento con su pareja, con quien vivió 16 años.

Un plato de migas, agua y café complementaron un primer acto que nos dio luz para comprender en dos rostros, en dos experiencias personales, el rostro único de la mujer. Una fuerte y dominante que es consciente de que cuando se entrega, es por que así lo quiere o desea ella.

– “asta nunca” Me pinto ahí mi hija adoptiva cuando me abandono para regresarse con la puta de su madre (en efecto sexoservidora). Dijo Lourdes mientras señalaba hacia una pared, en donde Norma ya había escrito esa frase con crema facial.

– Se fue mientras yo dormía, en ese tiempo, cuando iba a mis quimioterapias, eso de verdad apendeja. Se llevo dinero y joyas, pero en cuanto pude fui a la casa de su madre y le dije tres cosas: (1) no les haré daño, (2) no vuelvan a buscarme y (3) lo que se llevaron, no lo robaron yo se los di, porque cuando quiero algo, tengo suficiente dinero para comprarlo.

En ese momento sentí caer sobre nosotros la garra del Leopardo, había tirado al pecho. Debíamos salir de ahí.

Intermedio: Monumentos, fe y pasión del barrio.

Después de casi dos horas salimos del departamento de Lourdes. En la calle los niños continuaban jugando, la chica de la dulce voz, Sirenita de patio, tarareaba ahora, una canción en español. Todo era claro ahora, era una trampa del Leopardo.

Sentí una profunda emoción, el destino nos tenía reservado un lugar en donde nosotros ya no eramos cazadores sino presas de él.

A pie nos dirigimos a la iglesia de San Francisco, patrón del Barrio. Hicimos antes, una parada en el “Monumento a las 7 cabronas” columna de cemento de un metro y medio de altura aproximadamente; lugar en dónde cualquier mujer del barrio puede encaramarse, levantar el puño y gritar soy una “Chingona”.

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Entramos unos minutos a la capilla de San Francisco, ahí Lourdes nos invito a meditar a perdonarnos a nosotros mismos. Después salimos del templo y alguien grito “péguense dejen pasar”, entonces el grupo se alineo a la reja del “Maracaná” -Estadio de fútbol que comparte un costado con la iglesia de San Francisco, y que conforma en conjunto, un estrecho andador por el que circula la gente-

¡Seis muchachos llevaban cargando en hombros el ataúd, con el cuerpo sin vida, de un hermano, tal vez un amigo!

El ángel del silencio hizo presencia, detrás del ataúd, sin cortejo fúnebre oficial, nos dirigirnos al gimnasio “José Huitlacoche Medel” cuna de campeones de Box del barrio de Tepito.

Antes de entrar al gimnasio Norma nos llevo atrás de la portería del “Maracaná” en donde respondió las últimas preguntas del grupo y nos indicó que a la salida del lugar cambiaríamos de guía.

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Segundo acto: más golpes da la vida

Ya en el gimnasio, subimos al ring y escuchamos la historia de algunos de los consagrados del pugilismo tepiteño.

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Ahí mismo conocimos a Raúl, el otro actor que nos conduciría a otros territorios de la montaña, y vimos un video sobre los personajes del barrio involucrados en el Safari: “el Power” sería nuestro siguiente anfitrión.

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A la casa de Martín Camarillo alias “el Power” llegamos a paso veloz guiados por Raúl Briones.

Martín (cuenta él), quedo en silla de ruedas a los 16 años, a causa de un pleito callejero, en una época en la que los excesos, no le alcanzaban para llenar los huecos de su vida.

16 años tuvieron que pasar para que Martín pudiera encontrar en las cosas simples, motivos para seguir.

En la habitación de Martín, en donde, además de una litera y ocho pequeñas sillas, había apenas espacio suficiente para Martín y Raúl; comenzó ahí el segundo diálogo de la noche.

El canijo dilema de ser hombre, nos planteo a los espectadores, la terrible dialéctica de ser padre o ser hijo. Tal vez nunca se es padre a tiempo, tal vez nunca se es un buen padre.

Un trago de anís ofrecido por Raúl, me tranquilizo un poco, pero era tarde, me había devorado la bestia.

Durante el tránsito de mi cuerpo por las entrañas del Leopardo, alcance a escuchar a Raúl cantando: “Vivo en un mundo fabricando fantasías para no llorar…”

Esa canción, una Salsa de Tito Nieves, me hizo comprender que algo de mi se quedaría en Tepito, acompañando quizás al chico muerto, reverberando en el eco de las plegarías de la Iglesia de San Francisco y en el olor a mariguana del mercado.

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Fin de la obra: “Daniel eres un chingón”

Salimos de casa de Martin en dónde nos ofrecieron un plato de arroz con leche. Con el postre en mano y guiados por Martín y Raúl, visitamos un mural que recuerda a los héroes del barrio, después caminamos hacia el celebre y macabro altar a la santa muerte, al que acuden los hijos de un nuevo credo, quiénes marginados de otra fe, encontraron paz en este culto.

Al final dos sorpresas más:

  • En un patio de escuela, nuestro comandante “el pez” y su grupo de motociclistas, nos brindaron un espectáculo de máquinas y fuego. Todo esto termino en aplausos y felicitaciones. Como si se tratara de un viejo amigo mío y lleno de emoción me acerque a Daniel Giménez Cacho y le dije “Daniel eres un chingón” él se acerco a mi sonriendo, me ofreció un saludo al estilo Tepito y nos dimos un fuerte abrazo de despedida.

  • El evento culminó con la concentración de todos los grupos del Safari en la casa de cultura de Tepito, lugar en el que aplaudimos a los organizadores y degustamos una cena tradicional que compartimos con nuestros nuevos amigos.

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Unas calaveritas por mis huesos!

I
Lo mío no es oro ni basura,

mi juego no es el juego de la suerte

aquí donde me ves yo soy la muerte

tomo tus huesos, carne y envoltura.

II

Frases funestas surgen de mi lápiz,

Amargas palabras, ladrillos de hiel,

voces lejanas de un tiempo feliz.

Presencia presente, dulce muerte fiel

III

Detede o paso a Morte son

Viaxeiro o camiño acaba aquí

No teu pobo ouvistes a última canción

desta vida fostes un maniquí

IV

The die was cast

and you must go,

this vale of tears

the dice has throw.

Your life has finished,

heaven has come!

V

Para el viaje de ida al valle oscuro,

no hay tickets, maleta ni autobús.

Calavera prendida de una tumba,

Y en la taza en que bebes una cruz.

Ser un pez y vivir para contarlo parte 2 (fin, por fin)

Vivir para contarlo

La vida y su sentido, la libertad de decidir, la determinación del individuo para comprender su mundo, su propia existencia.

De acuerdo con la logoterapia los seres humanos no sólo actuamos como organismos que reaccionan al medio sino que poseemos autonomía para dar forma de manera activa a nuestras vidas.

Un poco de teoría

Víctor Frankl desarrolló una teoría que después se llamo “logoterapia” con base en su experiencia en los campos de concentración nazis.

Frankl concluyó que: “Quién tienen por qué vivir, pese a la adversidad, resiste”

Así es como, personas que poseen la esperanza de ver a sus seres queridos, de emprender proyectos, liquidar una necesidad inconclusa, o quiénes poseen el don de la fe; a juicio de Frankl, cuentan con mejores oportunidades de vivir, más allá de los que han perdido la esperanza.

La voluntad de sentido

Es una realidad que a muchas personas nos gusta sentir la tensión que envuelve el esfuerzo de conseguir un meta valiosa. También lo es que, en la mayoría de las ocasiones, el esfuerzo invertido en lograr la meta, puede poner la vida misma, al servicio de alcanzar dicha meta y en consecuencia es inevitable llegar a una “crisis existencial” o al menos a experimentar una tremenda frustración.

Hay, por otra parte, también muchas personas que experimentan una “crisis” o “vacío existencial” por mucho tiempo, por la ausencia de un sentido de la vida.

Uno de los signos más conspicuos del vacío existencial es el aburrimiento. Es típico que cuando, al fin se tiene tiempo de hacer lo que uno quiere, resulta que uno ¡Ya no quiere hacer nada!

Todos sabemos de personas que entran en crisis cuando se jubilan o de jóvenes que se emborrachan recurrentemente cada fin de semana, o bien, de quiénes, por las noches, nos instalamos pasivamente a navegar en la WEB “a pasar un rato” en tanto nos da sueño, o de quienes estoicamente sufren cada semana la neurosis de los domingos.

Para resumir: intentamos llenar nuestros vacíos con “cosas” que producen algo de satisfacción, llenamos la vida de placer, comemos más, “sexamos” más, buscamos darnos la gran vida, nos llenamos de trabajo, o decidimos conformamos con la vida que nos toco vivir y asumimos los convencionalismos sociales.

Sin embargo, a pesar de todo eso, al final, el juicio y la sentencia son únicos:

“No importa lo que se haga. Nunca será suficiente y por lo tanto no habrá forma de llenar el vacío”

Ser un pez y vivir para contarlo

A diferencia de los animales, que poseen un instinto que “los guía” los humanos contamos con las tradiciones para conducirnos en sociedad y con la libertad para realizar nuestros proyectos de vida.

Pero entonces ¿Qué hacer para hallar el sentido de nuestra vida? ¿seguir las tradiciones o ejercer nuestra libertad para realizar lo que deseemos?

Víctor Frankl propuso que para hallar el sentido de la vida se debe trabajar en la construcción de ciertos valores:

  1. Los que se obtienen de la experiencia. Como el amor.
  2. Los que provienen de la creatividad. Como la generatividad para emprender acciones por los que vendrán después de nosotros.
  3. Los actitudinales. Como los que se requieren para enfrentar el sufrimiento con dignidad.

El fin, por el fin

Hace casi un año “el pez Salvado 133” se instaló como un empleado más de la oficina en dónde trabajo. Su presencia es ahora habitual, su historia se convirtió en un cantar de gestas de pasillo.

Son ya leyenda, Rox la “chica maravilla” Y Rodol, sus salvadores; lo es también por su hazaña, Hernán el héroe, ya no tan anónimo.

Y finalmente para concluir esta historia, desde mi perspectiva “Salvado133” a contribuido también a llenar mi propio vacío existencial y me ha hecho pensar, en el amor, en el futuro y en las cosas buenas y sencillas de la vida que debemos guardar en los bolsillos para continuar andando.

Ser un pez y vivir para contarlo, parte 1

El pez

“Salvado 133” llego a vivir a la oficina gracias al corazón.

Al mal corazón del señor F, arquitecto de una Matrix de peces Beta: seis criaturas acomodadas con estrechez en posición vertical dentro una pequeña pecera y separadas por cinco trozos rectangulares de vidrio transparente.

Pero también al buen corazón de Rox; la chica maravilla, quién ante el abandono y ausencia en que dejo el señor F a sus peces, tomó bajo su diligente cuidado, a uno de esos maltrechos animalitos para cambiarle la vida en definitiva.
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Como es comprensible, el rescate que experimento el tímido pez, fue la razón por la cuál fue llamado “Salvado”. El apellido “133” le fue dado en homenaje a los 132 estudiantes que se declararon en rebeldía en contra de Enrique Peña y su estrategia de campaña, durante la contienda por la presidencia de México en el 2012.

S133_2Al responsabilizarse por el pez, Rox se esmero por darle espacio, un piso multicolor de piedrecillas, agua limpia y desinfectada, además de alimento artificial a diario y de vez en cuando diminutos peces vivos.

A pesar de los cuidados, “Salvado 133” ha mantenido un carácter de pez sombrío, siempre en un rincón, siempre nadando vertical. Ocasionalmente animado cuándo recibe alimento vivo.

Su nueva vida ha transcurrido sin sobresaltos excepto por un evento desafortunado que nuevamente puso a prueba su instinto de supervivencia y que por supuesto, casi le cuesta la vida.

La muerte y el yeso

20130217-232505.jpgComo ya es una tradición, cuando se aproxima el 2 de noviembre, en la oficina organizamos el evento de “calaveritas literarias”
Lo usual es que cada uno de nosotros escriba versos dedicados un compañero, personaje o evento conocido.

2012 año de la incepción de “Salvado 133” Decidimos innovar escribiendo nuestras “calaveritas” en Twiter.

Inspirado en la remodelación que se llevo a cabo en nuestra oficina durante los meses de octubre a enero pasados; Alfredo Carrasco, uno de nuestros compañeros escribió:

Sepultados en yeso
yacen los de formación (mis compañeros y yo)
apilados los huesos
huele a polvo y resistol

la parca no hizo eso:
fue la remodelación

El mordaz verso de Alfredo, explica el difícil evento que nos toco vivir durante la remodelación, sin embargo, estos fueron los peores momentos del mencionado suceso:

  • Cuando permanecimos en la oficina pero debimos salir
  • Cuando nos desplazaron pero ya daba lo mismo y;
  • Cuando regresamos pero no era el mejor momento.

El tercer momento

Regresamos a la oficina casi al llegar un fin de semana.

Aparentemente todo estaba listo, todo salvo “unas mejoras” que realizarían todavía los “remodeladores”
Rox trajo de vuelta “Salvado 133” después de haberlo dejado bajo el cuidado de Roberto por algunos días, después de haber sido desplazados de nuestro lugar.

No sabíamos que “las mejoras” consistían, en colocar muros falsos (durante el sábado y domingo), tampoco que esto generaría una enorme cantidad de polvo y que éste se dispersaría por todos lados incluyendo la pecera de “Salvado 133”.

Como era de esperarse, encontramos el lunes a “Salvado” sumergido en un gradiente de agua que iba de lo turbio al blanco en la superficie de su pecera.

Creí que el pez había muerto pero milagrosamente salvo la vida.

El siguiente video da testimonio del momento de crisis que se presento durante aquel día, así como la forma en que “Salvado” fue finalmente rescatado y se convirtió en un superviviente por segunda vez.

Sólo tú me ves

“En una noche fría se encontraron un puñado de soñadores.
El resto del mundo creyó que era otra noche cualquiera pero…”

La tierra entera se convirtió en un inmenso teatro, una luna de cartón, colgaba del cielo, pendiente de un infinito hilo de color dorado.

Alguien desde atrás del escenario, gritó:

“Así está bien, déjenla en cuarto menguante”

Un anciano, una niña y un perro recorrían las calles leyendo poemas a cambio de monedas.

“El saxofón azul: poemas”: era el nombre del libro que ella recogió después que el anciano vagabundo lo abandonó en el piso antes de perderse entre las calles oscuras.

Algo paso por la mente de la mujer, su mirada recorrió los alrededores y se detuvo en un anuncio luminoso de la calle, que decía:

“Sólo tú me ves”

Con amor para Tere, sólo tú me ves.

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¡Qué gente mano!

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Qué gente, dijo un niño con voz sonora. Aquel joven amiguito era un “señorcito” cuya edad era difícil de adivinar ¿Diez, doce, tal vez catorce años?

La misma frase se escuchó varias veces después, al tiempo que el “niño señorcito” sostenía con una mano la bocina de un teléfono y con la otra presionaba con urgencia, los botones del aparato.

La misma frase, manifestando su enojo, se repetía cada vez que marcaba sin hallar respuesta.

Muy a su pesar el “señorcito” tuvo qué colgar el teléfono y en ese momento remató diciendo:

“Bacalar, pueblo bicicletero, no puede ser que no haya una Pizzería abierta. En todos lados dicen que los encargados están en Chetumal ¡qué gente mano!”

Tere y yo nos miramos con sorpresa. Y como suele suceder en estos casos, yo no tenía idea de lo que estaba pasando. Los ojos de Tere me tranquilizaron (sus ojos, siempre sus ojos me dicen algo).

El chico nos hablaba con la actitud de quien encuentra a un viejo amigo. El tiempo se detuvo por un instante, aunque el silencio fue roto por una chica de la recepción del hotel, a quién momentos antes, le habíamos solicitado información sobre los paseos por la laguna y un taxi para dar una vuelta por el pueblo.

“Es el hijo de los dueños” Dijo desde el otro lado del alto mostrador.

Tere le pregunto algo al niño que yo no alcance a escuchar. Él le respondió y el círculo se cerró. Supimos entonces que fulano no abrió su Pizzería, que zutano tampoco, que mengano bajó la cortina temprano y que la humanidad completa nos había dejado solos en el paraíso, solos desamparados y sin una deliciosa y fundente rebanada de pizza.

¡Qué insignificante es el paraíso sin pizza! ¡Sería mejor morir!

“Señores, su taxi los espera” dijo la chica de la recepción al tiempo que Adriana la mamá del señorcito, aparecía en escena. Tere y yo aprovechamos ese impasse para tomar ruta hacia otro lugar desconocido: el pueblo de Bacalar.

¿Qué sería del mundo sin una madre? ¿Quién enjugaría nuestras lágrimas en la última caída, sino ellas?

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De regreso al hotel, largo rato después, encontramos nuevamente a Adriana y a su hijo señorcito quién estaba sentado en una mesa muy cerca de la recepción.

Junto al niño, un plato, un empaque abierto de Froot Loops, leche para acompañar y la noche.

Tejimos la red del formalismo, protocolo de los bien nacidos: ¿Cómo les fue? Bien, gracias ¿Encontraron lo qué buscaban? Si, muchas gracias por las recomendaciones. Hasta mañana… Chao hasta mañana.